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Boletín      
Mario Vargas Llosa visita Quispicanchi
Lima, 16 de enero de 2015
Muchos no han podido visitar el Cusco. Y an muchos ms no han podido llegar hasta Andahuaylillas. Hace ms de cuarenta aos, la Compaa de Jess lleg a Quispicanchi (provincia de Andahuaylillas). Desde entonces ha sido un arduo compromiso por un Per mejor partiendo de la promocin del desarrollo integral de los nios, jvenes y adultos en situacin de exclusin (que se suelen concentrar en las comunidades campesinas y en los mrgenes de las ciudades), as como el desarrollo sostenible y sustentable de la sociedad.

Hoy vemos el reconocimiento de nuestro trabajo en el Cusco, potenciado por nuestros colaboradores en el ltimo artculo de Mario Vargas Llosa publicado en el diario La Repblica (Per) y en El Pas (Espaa):


"Como Jerusaln, Roma, el Cairo o Mxico, en el Cusco el pasado forma parte esencial del presente y a menudo lo reemplaza con la irresistible presencia de la historia. No hay espectculo ms impresionante que ver amanecer desde la Plaza de Armas de la antigua ciudad, cuando despuntan en la imprecisa luminosidad del alba los macizos templos color ocre oscuro y los balcones coloniales, los techos de tejas, la erupcin de campanarios y torres y, en todo el rededor, el horizonte quebrado de los Andes que circunda como una muralla medieval al que fue el orgulloso ombligo del mundo en tiempo de los Incas.

Hay algo religioso y sagrado en el ambiente y uno entiende, segn cuentan los primeros cronistas que visitaron la ciudad imperial y dejaron testimonio escrito de su deslumbramiento, que, en el pasado, quienes se acercaban al Cusco deban saludar con reverencia a quienes partan de all, como si el haber estado en la capital del Incario les hubiera conferido prestigio, dignidad, una cierta nobleza. Ya en tiempos prehispnicos era una ciudad cosmopolita donde, adems del quechua el runa simi o lengua general se hablaban todas las lenguas y dialectos del imperio. Hoy ocurre lo mismo, con la diferencia de que las lenguas que escucho a mi alrededor, en estas primeras horas mgicas del da, provienen del mundo entero, porque el turismo que invade Cusco a lo largo del ao procede de los cuatro puntos cardinales.

He estado cerca de siete u ocho veces en el Cusco y ahora vuelvo luego de cinco aos. Como siempre, los dos primeros das los 3,400 metros de altura los siento en la presin de las sienes y en el ritmo acelerado del corazn, pero la emocin es la misma, un sentimiento agridulce de asombro ante la belleza del paisaje urbano y geogrfico y de agobio ante el presentimiento de la infinita violencia que est detrs de esos templos, palacios, conventos, donde, como en pocos lugares del planeta, se mezclan y funden dos culturas, dos historias, costumbres, lenguas y tradiciones diferentes.

Los arquelogos han descubierto que, en las entraas cusqueas, hay sustratos preincaicos importantes, que se remontan a la antiqusima poca de la desintegracin del Tiahuanaco y que en la raz de muchas construcciones incas est presente el legado de los wari. Pero a simple vista lo que se manifiesta por doquier, en las ciudades, las aldeas y el campo cusqueos, es la fusin de lo incaico y lo espaol. Templos, iglesias, palacios, estn levantados con las piedras monumentales, rectilneas y simtricas de las grandes construcciones incas y muchas de sus callecitas estrechas son las mismas que conducan a los grandes adoratorios del sol y de la luna, a las residencias imperiales o a los santuarios de las vestales consagradas al culto solar. El resultado de este mestizaje, presente por todas partes, ha dado lugar a unas formas estticas en las que es ya difcil, sino imposible, discriminar cul es precisamente el aporte de cada civilizacin.

Un buen ejemplo de ello, y, tambin, del progreso que ha experimentado el Cusco en este ltimo lustro, es la ruta del barroco andino. Recorrer antao los templos coloniales de la provincia de Quispicanchi era arduo y frustrante, por los malos caminos y el estado de deterioro en que aquellos se encontraban. Hoy hay una moderna carretera y la restauracin de las iglesias de Canincunca, Huaro y Andahuaylillas est terminada y es soberbia. Las tres iglesias son una verdadera maravilla y es difcil decir cul es ms bella. Muros, tejados, retablos, campanarios, lienzos, tallas, frescos, incluso el veterano rgano de Andahuaylillas, lucen impecables. Pero, acaso lo ms importante, es que estn lejos de ser museos, es decir, de haberse quedado congelados en el tiempo. Por el contrario, y, en gran parte gracias al empeo de los jesuitas que estn a cargo de ellos y de los voluntarios que los ayudan, se hallan vivos y operantes, con escuelas, talleres, bibliotecas, centros de formacin agrcola y artesanal, unidades sanitarias, oficinas de promocin de la mujer, consultorios jurdicos y de derechos humanos y hasta un taller de luthera (en Huaro) donde los jvenes aprenden a fabricar arpas, guitarras y violines. Las comunidades que rodean a estas parroquias denotan un dinamismo pujante que parece irradiar desde aquellos templos.

Pas largo rato contemplando las pinturas, tallas, frescos y esculturas de las iglesias de Quispicanchi. Lo indio est tan presente que a veces supera a lo espaol. Es evidente que aquello ocurri naturalmente, sin premeditacin alguna por parte de los pintores y artesanos indgenas que los elaboraron, volcando de manera espontnea en lo que hacan, su sensibilidad, sus tradiciones, su cultura. Las pieles de los santos y los cristos se fueron oscureciendo; los rostros, el cabello, bruendo; los ojos y hasta las posturas y ademanes sutilmente indianizando; y, el paisaje tambin, poblndose de llamas, vicuas, vizcachas, y de molles, saucos y maizales.

Entre las salinas de Maras y los andenes circulares de Moray, en el valle del Urubamba, asisto a una pequea procesin en la que los cargadores del anda de la Virgen del Carmen una indiecita recubierta de alhajas van disfrazados de incas y, luego, se celebra una fiesta en la que grupos de estudiantes de la Universidad de San Antonio Abad bailan huaynos y pasillos. Un antroplogo, del mismo centro acadmico, me explica que tanto la msica como los polcromos calzones y polleras de los danzarines son, todos, de origen colonial. El mestizaje reina por doquier en esta tierra, incluso en ese animado folclore que los guas tursticos se empean en hacer retroceder hasta los tiempos de Pachactec.

Pero muchas cosas han cambiado tambin en el Cusco en estos ltimos cinco aos. Uno de los mejores escritores cusqueos, Jos Uriel Garca, public en los aos veinte del siglo pasado, un precioso ensayo en el que llamaba a la chichera la caverna de la nacionalidad. En esa rstica y miserable taberna, de fogn y de paredes tiznadas, donde se coman los guisos populares ms picantes y se emborrachaban los parroquianos con la brava chicha de maz fermentado, se estaba forjando, segn l, el nuevo indio, crisol de la peruanidad. Pues bien, en el Cusco de nuestros das, si las chicheras no han desaparecido del todo, quedan ya muy pocas y hay que ir a buscarlas con lupa en los ms alejados arrabales. Ya slo sobreviven en las aldeas y pueblos ms remotos. En la ciudad las han reemplazado las polleras, los chifas, las pizzeras, los McDonalds, los restaurantes vegetarianos y de comida fusin. Todava proliferan por doquier los modestos albergues para mochileros y hippies que vienen al Cusco a darse un bao de espiritualidad bebiendo mates de coca (o masticndola) y transubstancindose con los apus andinos, pero, adems, tanto en la ciudad, como a orillas del Urubamba y al pie de Machu Picchu, han surgido hoteles de cinco estrellas, modernsimos. Algunos de ellos, como El Monasterio y Las Nazarenas han restaurado con esmero y buen gusto antiguos edificios coloniales.

En esta ciudad, en gran parte bilinge, los cusqueos quechua hablantes suelen jactarse de hablar el quechua ms clsico y puro del Per, lo que, como es natural, despierta envidia y rencor, adems de acusaciones de jactancia, en las dems regiones andinas donde la lengua de los incas est viva y coleando. Como no hablo quechua no puedo pronunciarme al respecto. Pero s puedo decir que el espaol que se habla en el Cusco es un dechado de elegancia, desenvoltura y discrecin, sobre todo cuando lo hablan las personas cultas. Mechado de lindos arcasmos, suena con una msica alegre que parece salida de los manantiales saltarines que bajan de los cerros, o, si se endurece en las discusiones y arrebatos, resuena grave, solemne y antiguo, con un deje de autoridad. Est cuidadosamente pronunciado, con unas erres y jotas vibrantes, y es siempre elocuente, discreto, amable y educado.

No es raro, por eso, que aqu naciera uno de los grandes prosistas del Renacimiento espaol: el Inca Garcilaso de la Vega. La probable casa en la que naci ha sido rehabilitada con tanto exceso que es ya irreconocible. Pero, aun as, aqu pas su infancia y adolescencia, y vio con sus propios ojos y guard para siempre en su memoria esa poca tumultuosa y terrible de la conquista y el desgarramiento cultural y humano que gener. Aqu escuch a los sobrevivientes de la nobleza incaica, a la que perteneca su madre, llorar ese glorioso pasado imperial que se tornara vasallaje y que evocara luego, en Andaluca, en las hermosas pginas de Los Comentarios Reales. Siempre que he venido al Cusco he peregrinado hasta la casa del Inca Garcilaso, el primero en reivindicar sus ancestros indios y espaoles y en llamarse a s mismo un peruano. ❧

Cusco, enero de 2015".


Fuente: Diario La Repblica.
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